• domingo, 05 diciembre 2021
  • Actualizado: 30/11/2021
4 meses y 5 días para el Domingo de Ramos

Hacía frío. Mucho frío de hecho. En Sevilla reinaba esa calma otoñal y reflexiva que suele acompañar el ambiente hasta que el sano bullicio de la Navidad llama a la puerta.

Habíamos acordado que al llegar a tu portal yo llamaría al por­tero automático del taller y estarías pendiente para abrirme. De San Lorenzo a Triana, un paseo que ni es corto ni es largo, le di muchas vueltas a cómo hacer aquella entrevista ya que informativamente tenía mucho peso y no podía desperdiciar el encuentro que facilitó el bueno de Pepe Trujillo. Al poner un pie en el taller, aquella tarde se hizo especial. Allí, en las paredes, todos esos rostros, imágenes, en definitiva, las devociones que has brindado a miles de devotos a través de tu trabajo. Era como ir al origen de lo que para muchas personas es el centro de su vida.

Estaba en el taller de uno de los nombres propios vivos de la historia de la Semana Santa y que resultó fundamental para el devenir de muchas cofradías en las últimas décadas. Aunque eso quedara a un lado en el momen­to en el que ambos, siguiendo tu voluntad, nos despojáramos de cualquier armadura que hiciera de aquella conversación algo en­corsetado. La grabadora hacía su trabajo y yo el mío. Con el paso del tiempo escuchas las grabaciones y se revalorizan tus palabras de devoción sobre la que quisiste hacer «con un toque señorial», y se nos dio en esa cara bonita de virgen niña del Amor a la que venías a rezar en tus visitas a Málaga; tu clase magistral sobre las restaura­ciones, en las que «hay que anular toda la creatividad del artista»… Y si de amor hablamos, cómo olvidar la ternura al referirte a las Rea­les Cofradías Fusionadas, a Marcelino Aguilar, con quien ya te has reunido de nuevo, a Jaime Pérez-Bryan, a Antonio Domínguez… Y a tantas personas que te hicieron atesorar una amistad que pesaba en tu vida «más que la ejecución de las imágenes».

El año que nos dejas, me eligen con el honor de hablar de tu Santa Mujer Verónica, de tu Señor de la Salutación, de tu madre del Patrocinio. Tuyas de gubia pero a las que he hecho también mías de corazón con el paso del tiempo. En la primera Cuaresma sin ti, tu nombre suena con una fuerza y un tono distinto que hasta ahora. Qué caprichoso es todo esto.

Ahora que los recuerdos se alargan al igual que los días, queda darte las gracias. Gracias por cuidar de mi Virgen del Rosario en sus Misterios Dolorosos, por darme a Mayor Dolor en su Soledad. Por tu señorío, educación y atenciones. Por brindarle a mi memoria el privilegio de atesorar aquella tarde en Alfarería.

(A la memoria de D. Antonio J. Dubé de Luque)
*Artículo publicado en el Anuario del Cofradía de Salutación del Año 2020

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