• miércoles, 26 enero 2022
  • Actualizado: 23/01/2022
2 meses y 15 días para el Domingo de Ramos

Así que no, no era cierto: las sombras no habían venido para quedarse. Las sombras no habían llegado para ganar la batalla. El Sol, es el Sol el que está llegando, el que está volviendo, y es Sol de Justicia y es un Niño. Nos lo dice, nos lo recuerda hoy la primera lectura: que abandonemos las sombras. Que salgamos de la noche y nos pertrechemos con las armas de la luz. A la luz, pues. Volvamos a la luz.

No hagamos caso del reclamo de este tiempo en el que todo nos llama a la oscuridad. No hagamos caso del reclamo del consumo, de todo aquello que tiende a convertirnos en mercancía. No hagamos caso de aquellos que intentan recluirnos a perpetuidad y en soledad en nuestras casas, que intentan alejarnos los unos de los otros. No hagamos caso nosotros, cofrades, que hemos nacido y vivimos para la calle, para salir a la calle y allí, en la calle, dar testimonio de la luz que somos, de la luz en la que creemos, de la luz por la que vivimos.

Hoy, los hermanos de los Remedios salen a la calle. Lo harán a pesar de los pesares, a pesar de este tiempo lleno de miedos, a pesar de tanta vía pública inutilizada para el afán cotidiano por el afán del lucro, a pesar de tener que ir esquivando en la rutina tanto, tanto interés torticero, tanto pesar y tanto miedo y sin embargo hoy (primer domingo de Adviento) es al miedo a quien se nos invita a esquivar, es al miedo a quien se nos invita a echar de lado.

Hoy, la Virgen de los Remedios esquivará al consumismo, a la pandemia. A tantos, tantos cantos de sirena para que nos encerremos en mutismo y en egoísmo en nosotros mismos. Para que nos esquivemos los unos a los otros. Para que dejemos que las sombras ganen la partida. Hoy, la Virgen de los Remedios llevará en brazos a un Niño y ―entre rezos de avemarías― ese Niño irá trayendo la luz.

Ganar la luz: de eso se trata. No dejar que aumenten las sombras. No concederles el espacio que no les compete. No otorgarles el que ese rostro les va negando y es ahí, es en ese rostro en el que mirarnos y ganar, ganar la luz, así que a la nana, a la nana, nanita, nana del Niño que vuelve. A la nana, nanita, nana, porque regresa. A la nana, nanita, nana del tiempo, de la vida que somos: de todo lo que ese Niño nos regala.

Dicen que vivimos tiempos oscuros. Que (ante tanta oscuridad) nada merece la pena. Que sólo la pena merece su sitio. Que sólo la pena se merece a sí misma. Sin embargo, vuelve, y con Él vuelve la Esperanza. Sin embargo, retorna, regresa la luz.

Adviento: está viniendo.

Adviento: está llegando.

Adviento: se está cumpliendo.

«Hemos sido salvados por la esperanza», repetimos, y se cumple, se cumple y se redondea, se cumple y se perfecciona y regresa, vuelve en un Niño, regresa en un Niño que es Sol, así que a su nana, a su nana, nanita, nana…

A las nanas de la luz.