Un ojo nuevo que mira.

Una boca nueva que habla.

Hacer, fundar nuevas todas las cosas, tal como continuamente nos pide el Espíritu y el año nuevo se nos ofrece como ocasión propicia.

En estos días en que los contagios y la melancolía, las sombras y la depresión nos han amenazado, llega el nuevo año y con él la exigencia continua de la novedad, lo imperioso de la vida que pide paso frente a los que quisieran detenerla, enclaustrarla, ponerle coto.

El nuevo año rige, exige más que buenos propósitos.

2022 viene reclamando más que impulsos de los que se agotan a la primera ráfaga de viento adversa, en este tiempo en que todo parece agotarse y agotarnos allí, en lo adverso, y frente a lo que nosotros debemos repetirlo de nuevo: hemos sido salvados por la esperanza.

Ante el año nuevo, no sólo estamos llamados a defender que la Esperanza es lo último que se pierde sino lo primero que nos impulsa, nos acoge, nos lidera, pues ya lo dijimos: la esperanza es la vida de la vida, frente a los señores de la muerte y los profetas de la resignación, esos que quisieran que viviéramos con la cerviz bajada, que contempláramos la vida como un yugo insoportable de llevar.

No. No podemos ceder frente a los que quisieran que cediéramos.

No podemos declinar aquello que ―si se entrega― equivale casi a renunciarlo todo.

Cuando de nosotros y del Espíritu se trata, cuando la apuesta consiste en la Esperanza y en la Vida, cuando es todo lo que anda en juego, no podemos ceder, no podemos resignarnos a que el año nuevo consista justamente en eso, en la resignación.

Nos lo debemos, cofrades, pero ―sobre todo― se lo debemos a un mundo ávido de asirse a la luz, al impulso, a la vida. A hallar razones para la confianza, el empuje, el coraje, la perseverancia.

Nos debemos el continuar y fundar, resistir y persistir para ―desde la enseñanza de nuestros mayores― sortear cualquier túnel, cualquier sima, cualquier abismo que el tiempo nos tienda para demostrar que nada puede detener a la Verdad, la Vida y la Luz.

Tenemos que demostrar que la Verdad aún suena, que cuenta la Vida, que brilla la Luz.

Tenemos que demostrar que el tiempo no es un mero proseguir sin sentido, un mero sucederse sin afán.

Algunos dicen que cambiar de año no es más que una excusa. Puede ser así, pero ―sin duda― muchos en estos días encuentran excusas para que todo a nuestro alrededor parezcan sombras.

Hagamos, pues, nosotros del cambio de año la ocasión propicia para que se cumpla la exigencia del Espíritu y todo sea nuevo a nuestro alrededor desde la circunferencia del corazón, ésa que todo lo redondea.

Feliz 2022.