Me gusta la paleta de colores del día: verde palmera, verde olivo, marrón franciscano, marrón carmelita, amarillo palma o marfil Lágrimas. Parece que existieran para un solo día, solo para pintar el Domingo de Ramos. Como si fuéramos Mary Poppins y los niños, y de un salto nos adentráramos en un dibujo hecho de tiza pintado en el suelo por el polifacético Bert. Y una vez que ya estás dentro, comienza la fantasía. Se revuelven las ganas en el estómago como mariposas de enamoramiento porque, al fin y al cabo, ¿qué es esto si no amor?

Cuando te enamoras todo es nuevo. Todo comienza desde cero. Y en esas estamos. Limpios de pasado para llenarnos de ahora. Hoy es la primera cita. La primera de siete, el número perfecto. Es día de estrenar y de mirar hacia delante, por eso la mañana se pone sus mejores galas y saca un nuevo sol a relucir. Lo tenía guardado esperando el momento justo, como ese selecto vino para brindar por las nuevas alegrías. No es su brillo el común de siempre, no es su calor el de cada tarde. No son sus rayos los de cada amanecer, son unos pendientes guardados para lucirlos en condiciones en una ocasión especial. ¡Y menuda ocasión!

Como cada día es una nueva esperanza – otro color precioso –  la mañana abre las ventanas para asomarse al mundo ante un nuevo horizonte, que arroja una luz reposada en la espalda que sostiene al mundo. Hay visillos que ya no ventilan el encierro sino que airean las fiestas. Las cortinas se contonean con la brisa de las primeras horas. Quizás piensen que son bambalinas. De esta misma manera, reviven esos capirotes lejanos que el siempre acertado Puentiferario nos va descubriendo y que, al final, resulta que los  disfrutamos en la cercanía. Son fantasías que se acaban tocando y el sueño de dos años guardado en barricas de madera de deseo ya lo estamos paladeando. Todos tenemos ilusiones, anhelos, porque el amor también es imaginación y a veces se hace realidad. Ya decía Salinas que «sólo muere un amor que ha dejado de soñarse».

Archivado en: Semana Santa 2022.