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La esperada reestructuración de la jornada del Viernes Santo en Málaga se ha quedado, una vez más, en agua de borrajas. Tras meses de reuniones, propuestas, bocetos y debates internos, las cofradías implicadas no han conseguido alcanzar un acuerdo para modificar el orden ni los horarios de paso por el recorrido oficial. Como resultado, se han ratificado los mismos horarios que en 2013, manteniendo un esquema que ya ha sido ampliamente criticado por su ineficacia y falta de fluidez.
Una negociación estancada
El deseo de renovar el esquema del Viernes Santo había generado expectativas entre el mundo cofrade malagueño. El modelo propuesto pretendía corregir los cortes y desajustes que se producen a lo largo del recorrido oficial, planteando un nuevo orden de salida que parecía contar con cierto respaldo inicial: Monte Calvario, Descendimiento, Amor, Dolores de San Juan, Soledad de San Pablo, Piedad, Santo Sepulcro y Servitas.
Sin embargo, este esquema enfrentó numerosos matices y objeciones. Las reuniones celebradas en la sede de la Agrupación de Cofradías, en San Julián, se prolongaron sin que se llegara a un consenso definitivo. La cuestión más controvertida fue definir qué hermandad debía abrir la jornada, un punto que se convirtió en un obstáculo insalvable.
La clave: el inicio de la jornada
El nuevo horario propuesto suponía adelantar en casi una hora el comienzo del paso por el recorrido oficial. En este esquema, la Hermandad del Monte Calvario debía iniciar su salida a las 15:00 horas. Sin embargo, esta posibilidad chocaba con el tradicional besapié del Yacente de la Paz y la Unidad, que se celebra por la mañana del Viernes Santo, un acto muy arraigado entre sus fieles.
Ante la negativa del Monte Calvario a modificar su horario por debajo de las 16:00 horas, se propuso que fuera el Descendimiento quien abriera la jornada, iniciando su salida procesional a las 16:00. No obstante, los responsables de esta cofradía, con sede en La Malagueta, no aceptaron dicha propuesta. Como consecuencia, se descartó cualquier posibilidad de reordenar la jornada y se mantuvieron los horarios establecidos en el año anterior.
Cronología del desencuentro
La falta de acuerdo fue el resultado de una serie de reuniones fallidas. El 10 de diciembre, la Hermandad de Dolores de San Juan llevó la propuesta al cabildo de hermanos, que autorizó a su junta de gobierno a continuar con las negociaciones. Sin embargo, poco después, el Monte Calvario comunicó que no podría comenzar su estación de penitencia antes de las 16:00, lo que puso en jaque todo el planteamiento.
La reunión clave prevista para el 12 de diciembre fue aplazada por «problemas de agenda» al día 17. En esa ocasión, tras tres intensas horas de diálogo, no se logró ningún acuerdo. Se fijó una nueva cita para el 2 de enero, pero tampoco dio sus frutos. El punto de conflicto seguía siendo el mismo: el orden de salida al inicio de la jornada.
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Un escenario que perjudica a todos
La falta de flexibilidad de las cofradías, aferradas al derecho adquirido sobre sus horarios, ha generado una situación que perjudica a la jornada del Viernes Santo en su conjunto. La imposibilidad de optimizar los tiempos de paso y corregir los solapamientos provoca cortes innecesarios y una experiencia menos fluida para los espectadores y fieles.
Desde la propia Agrupación se reconoce que la situación actual no es la ideal, pero ninguna hermandad ha querido ceder en beneficio del conjunto. Esta actitud, aunque comprensible desde el punto de vista individual, impide avanzar hacia una Semana Santa más coordinada y armoniosa.
Reflexión y futuro
La jornada del Viernes Santo malagueño necesita una revisión profunda y un ejercicio de generosidad por parte de todas las hermandades implicadas. La Semana Santa es una manifestación colectiva de fe y tradición, y su éxito reside precisamente en la capacidad de trabajar unidos.
Quizá el 2014 no sea el año del cambio, pero el debate ha quedado abierto y la necesidad de mejora está sobre la mesa. La esperanza está en que, con diálogo y voluntad, el futuro permita reordenar una jornada que merece estar a la altura de la devoción que genera.
