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Elige bien tus fresas desde el inicio
Todo comienza en la compra. Busca fresas firmes, de color rojo intenso y sin golpes ni zonas oscuras. Evita los envases de plástico apilables, que las aprietan y aceleran su deterioro. Si puedes, elige bandejas de cartón o madera, más suaves y que dejan respirar a las fresas.
Limpieza suave para alargar su vida
Antes de guardarlas, conviene limpiar bien. Prepara un cuenco con una parte de vinagre blanco y tres de agua. Introduce las fresas, sin quitarles las hojas verdes, durante 1–2 minutos. Luego, sécalas con cuidado usando papel absorbente, sin frotar para no estropearlas.
El recipiente hermético perfecto marca la diferencia
Ni la nevera ni el frutero: el mejor sitio es un recipiente hermético forrado con papel de cocina en el fondo. Coloca las fresas en una sola capa, con las hojas verdes hacia abajo si es posible. Si tienes muchas, intercala papel entre capas para que no se aplasten.
Pequeños toques para evitar el moho
No cierres el recipiente por completo: deja la tapa un poco abierta o haz pequeños agujeros que permitan la circulación de aire. Guarda todo en un lugar fresco, seco y sin luz directa, como un armario o despensa. Para consumo rápido, unas horas en la nevera bastarán.
Con estos pasos tan sencillos, tus fresas se mantendrán jugosas y llenas de sabor mucho más tiempo. ¡Disfruta sin desperdiciar ni una sola!
