Una avenida entre dos mares: la carretera más sorprendente y extensa de España está en Murcia

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Cuando pensamos en las calles más famosas de España, se nos vienen a la cabeza nombres como la Gran Vía de Madrid o la Diagonal de Barcelona. Grandes avenidas, mucho tráfico, escaparates brillantes, gente con prisa. Pero, ¿sabías que la calle más larga del país no está en ninguna de esas dos ciudades? En realidad, está mucho más al sur, bañada por dos mares y rodeada de calma (al menos fuera de temporada alta).

Hablamos de la Gran Vía de La Manga, en la Región de Murcia. Una avenida de casi 20 kilómetros que se estira como una cinta de asfalto entre el mar Mediterráneo y el mar Menor. Sí, has leído bien: entre dos mares. Si esto no te parece lo bastante curioso, espera a descubrir todo lo que encierra esta carretera.

Una franja de tierra convertida en paraíso turístico

La Gran Vía de La Manga no es una calle cualquiera. No solo por su longitud —casi 19 kilómetros de principio a fin—, sino por el espectáculo natural que la rodea. Se ubica sobre La Manga del Mar Menor, una lengua de arena estrecha que separa el Mediterráneo del mar Menor, la laguna salada más grande de Europa. Un capricho de la naturaleza que ha acabado convirtiéndose en un destino turístico de primera.

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Aunque esta zona ha estado habitada desde tiempos antiguos, no fue hasta los años 60 cuando empezó su transformación moderna. La familia Maestre tuvo mucho que ver en esto, apostando por desarrollar este rincón como lugar de veraneo. Desde entonces, la Gran Vía ha sido testigo de cómo una lengua de tierra semisalvaje se convertía en una pequeña ciudad entre aguas.

Del cabo de palos hasta Veneziola: una ruta con vistas

Empezar el recorrido por la Gran Vía desde el sur, junto al faro de Cabo de Palos, es casi un ritual. Este punto es conocido por sus vistas y su riqueza marina, ideal para los amantes del buceo. Desde allí, la carretera comienza a trazar su camino entre playas doradas, urbanizaciones, hoteles, chiringuitos y rincones más salvajes que aún conservan su encanto.

A lo largo de esta vía, playas como Marchamalo, Barco Perdido o Las Amoladeras se suceden una tras otra, con accesos directos desde la misma avenida. No hace falta desviarse mucho para darte un chapuzón en el Mediterráneo o en el mar Menor. Tú eliges. Lo más difícil será decidir dónde extender la toalla.

Las palmeras flanquean buena parte del recorrido, mezcladas con edificaciones blancas y marcos de ventanas azules que recuerdan a la estética mediterránea. Aquí y allá aparecen pasarelas de madera, canales naturales, pequeñas islas y hasta puentes que conectan un lado con el otro. Una estampa que cambia por completo entre invierno y verano, pero que nunca deja de fascinar.

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Vida, comida y playas a pie de carretera

Lo que hace especial a esta vía no es solo su longitud o su ubicación, sino la vida que late a ambos lados del asfalto. Restaurantes, panaderías, heladerías, ferias nocturnas, mercadillos de verano… todo está al alcance de la mano. Eso sí, si vas en temporada alta, prepárate para los atascos. Pero bueno, ¿qué sería de unas vacaciones sin una pequeña dosis de caos veraniego?

En cuanto a la gastronomía, la Gran Vía es un festín para los sentidos. No faltan los arroces con sabor a mar, los pescados a la sal o los mariscos frescos. La cocina murciana, con su carácter sencillo pero sabroso, se hace notar en cada carta. Y si eres de los que no perdonan el postre, prueba una leche frita o una tortada murciana. No te vas a arrepentir.

Miradores, naturaleza y rincones para desconectar

Uno de los puntos más espectaculares del recorrido es el mirador de Monte Blanco. Desde allí se puede contemplar todo el paisaje que forma La Manga: el doble mar, las urbanizaciones a lo lejos, los barcos navegando en silencio. Es uno de esos lugares donde el tiempo se detiene y uno entiende por qué este lugar enamora a tantos.

Y si seguimos hasta el final de la vía, llegamos a la urbanización Veneziola, el punto más septentrional de La Manga. Aquí, el paisaje cambia de nuevo. Se vuelve más natural, más silencioso. Hay menos hoteles y más vegetación. Es el acceso perfecto al Parque Natural de las Salinas y Arenales de San Pedro del Pinatar, una joya ecológica donde viven flamencos, gaviotas, peces, y donde los molinos de viento siguen girando, como si el tiempo no pasara.

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Una calle, dos mares y mil historias

Lo más curioso de todo esto es que, pese a sus casi 20 kilómetros, la Gran Vía de La Manga es todavía una gran desconocida para muchos. Tal vez porque no está en una capital, ni aparece en las portadas de las guías turísticas. Pero quienes la recorren saben que pocas calles ofrecen tanto en tan poco espacio: mar por un lado, mar por el otro, sol, arena, buena comida y naturaleza a raudales.

No es solo una avenida. Es una experiencia que se disfruta con los cinco sentidos. Así que si alguna vez te preguntas cuál es la calle más larga de España y por qué deberías visitarla, ya tienes la respuesta. Está en Murcia, entre dos mares, esperando a ser descubierta.

Y tú, ¿ya has paseado por esta joya costera?


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