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Usar el horno es sinónimo de platos deliciosos, desde guisos hasta gratinados o postres caseros. Pero detrás de este confort en la cocina, el horno es uno de los electrodomésticos que más energía consume, sobre todo si no se usa correctamente. Muchas veces, sin darnos cuenta, adoptamos costumbres que hacen que la factura eléctrica suba, sin mejorar la cocción. La buena noticia es que con pequeños cambios podemos cuidar nuestro bolsillo y mantener la calidad en la cocina.
Errores comunes que aumentan tu consumo eléctrico
Un hábito muy frecuente y que afecta al consumo de energía es dejar el horno precalentando demasiado tiempo. No es raro que algunas personas lo enciendan justo al comenzar a preparar el plato y lo dejen funcionando sin nada dentro por 20 o 30 minutos. Sin embargo, la mayoría de los hornos alcanzan la temperatura ideal en 8 a 12 minutos, según el modelo. Cada minuto extra significa energía desperdiciada. Este precalentamiento prolongado no mejora la cocción, desgasta las resistencias, sube la temperatura de la cocina y eleva la cuenta de luz.
Otro error habitual es abrir la puerta del horno muchas veces para revisar la comida. Esta acción puede hacer que se pierda hasta un 20 % del calor cada vez, lo que obliga al termostato a trabajar más y consumir más electricidad.
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Hábitos que suman en el gasto energético
Sin darnos cuenta, ciertos comportamientos incrementan el consumo cada vez que usamos el horno. Por ejemplo, usar siempre el modo de convección a alta temperatura o ignorar cómo aprovechar el calor al final de la cocción. Para cocinar de forma más eficiente, conviene evitar o ajustar estas prácticas:
- Precalentar solo cuando sea estrictamente necesario; algunos platos se pueden cocinar sin precalentar;
- Evitar abrir la puerta durante la cocción, salvo que sea imprescindible;
- Apagar el horno entre 5 y 10 minutos antes de terminar para aprovechar el calor residual;
- Usar la convección a baja temperatura (150–160 °C) en vez de a 200 °C;
- No activar la función de pirolisis en verano o en horarios de alta demanda energética.
Además, cocinar varios platos seguidos ayuda a aprovechar mejor el calentamiento, ya que no hay que subir la temperatura desde cero cada vez.
La pirolisis: cómoda pero consumidora de energía
Limpiar el horno es fundamental, pero usar la función de pirolisis muy seguido es un gasto innecesario. Este proceso eleva la temperatura por encima de 500 °C durante 1 hora y media a 2 horas para quemar restos de comida. Puede consumir entre 3 y 5 kWh en una sola sesión.
Se recomienda:
- Activar la pirolisis solo cuando el horno esté muy sucio;
- Evitar usarla en horas de máxima demanda eléctrica, como las noches o invierno;
- Programarla justo después de cocinar, cuando el horno aún está caliente, para acortar el tiempo de calentamiento.
Limpiar el horno regularmente con una esponja y vinagre tras cada uso puede espaciar las limpiezas profundas y mantenerlo en buen estado.
Cocinar bien también es ahorrar
Un horno eléctrico consume entre 1 y 2 kWh por hora, según modelo, tipo de cocción y temperatura. Usado dos veces por semana, esto puede significar entre 100 y 200 kWh al año, o unos 25 a 50 euros en la factura, más si se usa a diario.
Corregir los errores comunes puede reducir el consumo entre un 20 y un 40 %, sin renunciar a cocinar rico. Lo mejor es que estos cambios no requieren inversión, solo algo más de atención.
Cocinar con horno es un placer, pero conviene no quemar nuestro dinero en cada uso. Ajustar unos pocos hábitos basta para mantener el calor en la comida y no en la factura.
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Habrá que estar atentos a futuras recomendaciones y novedades para seguir ahorrando sin perder sabor. ¡Seguiremos informando!
