Málaga. Semana Santa. Semana Santa malagueña. Semana que llega y se va. Semana que es vida, y vida que en una sola semana se concentra. Solamente una semana te veo, y aún así estás presente cada día de mi vida.
San Pablo es el kilómetro cero: ahí empezó todo. Un Cristo de nombre glorioso que se acerca lentamente y que irradia esperanza ante el gran amor. Ascensión al limbo por la puerta del cielo. Llega la noche y por la ribera del Guadalmedina sigo tus pasos. Íntimo momento para hablarte y rogarte. Es la primera oración. Igual de distinta cada año. Tu mirada me atraviesa el alma y me roba el corazón. Esquivas la respuesta. Que nos guarde la salud.
Veinticuatro horas después vuelvo a cruzar el puente. Momento de perdonar aunque verte me llene de dolor. Cautivado en la Trinidad pido compasión. Dicen que concedes deseos. ¿Acaso un solo hombre puede cargar con tanto peso? Segunda oración ante ti, pero la tercera nuevamente ante tu vecino. Encrucijada de amor. Ahí me encuentro, dónde algo sucedió: dónde siempre me gustaría estar.
Días más tarde empiezo a sangrar. La espina de mi santa tierra se clava en lo más hondo de mi ser. Clavada como tú mirada bajo el antifaz. Firme por primera vez, más desnuda que nunca. Regalado como fui, me postro ante esa bella mujer, la misma que un día nos vio sonreír. Cuando suena el solo de Rocío de Vidriet, es el momento de orar por cuarta vez. A ti te va a escuchar, pienso, tal vez con cierta ingenuidad.
Cuando más se necesita, la Esperanza no sale. Pero tampoco se pierde en la noche malagueña. Guardada queda, a buen recaudo en su casita del Perchel. Una señal de que debo volver, me comenta un amigo. No lo sé. Poco después, momentos contrapuestos: milagros que parecen no llegar y una genuflexión verdadera al salir el Sol. Es la quinta oración. La más ancestral de todas. Tras un breve paréntesis de consabido descanso, esa misma tarde me redimo en calle San Juan y me lleno de amor y caridad en calle Carretería. Sexta y séptima oración respectivamente… y otra vez tú, amor, principio y fin de todo. Fin. Noctámbula llovizna. Soledad. Todo está consumado. Como la vida misma: tal como llega, se va. Es hora de regresar a casa. La terminal es grande y fría. Las lágrimas no encuentran consuelo. Algún día volveré a ese lugar, pero esta vez no sé cuándo. Todo lo que me has dado, me lo has quitado. Hasta siempre, Málaga.




















