Mostrar títulos Ocultar títulos
Conseguir la nacionalidad española puede ser una auténtica carrera de fondo. Trámites interminables, tiempos de espera que desesperan y, a veces, una sensación de que la meta se aleja más de lo que se acerca. Pero existe un camino poco habitual, más ágil y, en teoría, pensado para situaciones urgentes o extraordinarias: la carta de naturaleza. Un procedimiento especial que permite al Gobierno otorgar la ciudadanía directamente por Real Decreto, cuando concurren “circunstancias excepcionales”.
Eso sí, que sea más rápido no quiere decir que sea fácil. De hecho, en los últimos cinco años, solo el 7 % de quienes lo han solicitado han conseguido ese reconocimiento. Y entre quienes sí lo han logrado, la mayoría son personas con historias marcadas por la huida, el exilio o la persecución.
Solo 213 aprobadas entre más de 3.000 solicitudes
Según datos oficiales, entre 2020 y 2024, se han recibido un total de 3.066 solicitudes de nacionalidad por carta de naturaleza. De todas ellas, el Gobierno de Pedro Sánchez ha aprobado únicamente 213. Es decir, menos de una de cada diez. Un porcentaje que revela lo restrictivo y discrecional que es este proceso.
Para leer Ajuar torero y soleano
Las cifras varían según el año: en 2020 se aprobaron 14, en 2021 bajaron a 11, en 2022 subieron levemente a 17. Pero fue en 2023 cuando se produjo un salto importante, con 110 cartas concedidas, seguido por 60 más en 2024. Y en lo que llevamos de 2025, solo dos personas han recibido la nacionalidad por esta vía.
Nicaragüenses, los más beneficiados
Lo más llamativo es que más de la mitad de las nacionalidades concedidas han ido a parar a personas procedentes de Nicaragua. En total, 146 de las 213 aprobadas. ¿El motivo? Muchos de ellos son exiliados políticos, periodistas, activistas o antiguos cargos públicos perseguidos por el régimen de Daniel Ortega. Para ellos, España ha sido un país de acogida, y la carta de naturaleza una herramienta para garantizarles protección y estabilidad legal.
El resto de las nacionalidades se reparte entre 27 países diferentes: cubanos, venezolanos, colombianos, argentinos, brasileños, filipinos, marroquíes, entre otros. Pero con cifras mucho más modestas.
También hay gestos simbólicos y actos heroicos
El Gobierno no solo utiliza este procedimiento para casos de exilio. También se ha recurrido a la carta de naturaleza para reconocer a víctimas del Holocausto, como el ciudadano austriaco Peter René Pérez; a deportistas de élite, como el luchador Ilia Topuria; o a personas que han protagonizado actos de gran valor.
Para leer «Adiós a ir a 120 km/h»: la autopista española donde la velocidad cambia sola
Uno de los casos más comentados fue el de Hamza El Hatmi y Abdessamad Fiach, dos jóvenes marroquíes de 23 y 21 años que salvaron a un hombre mayor de morir ahogado en Lleida. En agosto de 2024, el Consejo de Ministros les concedió la nacionalidad como gesto de reconocimiento.
¿Y el resto de solicitantes?
Más de 2.800 personas siguen esperando una respuesta. En concreto, 2.853 solicitudes están pendientes de resolución. Los datos muestran una realidad desigual: por ejemplo, México ha presentado 798 solicitudes en cinco años… y solo dos han sido aprobadas. Venezuela, con 419 peticiones, apenas ha conseguido unos pocos casos. Colombia suma 295, Estados Unidos 265… pero, de nuevo, las cifras aprobadas son mínimas.
Un procedimiento discrecional y sin garantías
Según el artículo 21.1 del Código Civil, la nacionalidad por carta de naturaleza es una decisión puramente discrecional del Gobierno. Es decir, no hay un procedimiento obligatorio que garantice el éxito. Solo se concede si se considera que existen razones “excepcionales”, lo que deja fuera de juego a muchas personas en situaciones difíciles, pero que no encajan en los criterios del Ejecutivo.
De hecho, aquellas solicitudes que no reciben una respuesta favorable se consideran automáticamente desestimadas. Y así se informa al solicitante: sin explicación, sin apelación, sin alternativa inmediata.
Un camino posible, pero no para todos
La nacionalidad por Real Decreto sigue siendo una vía reservada a casos muy concretos. Aunque en teoría está abierta a todos, en la práctica es casi una lotería. Para muchos, representa una esperanza; para otros, una decepción.
Lo cierto es que, mientras miles de personas esperan respuesta, solo unos pocos —ya sea por haber arriesgado su vida, por haber huido de una dictadura o por su valor simbólico— logran cruzar esa puerta. Y en un contexto de migraciones, conflictos y desigualdades crecientes, esta herramienta deja claro que, en materia de nacionalidad, no basta con necesitar… también hay que convencer.
