Engaño telefónico con el botón rojo: así intentan robar a nuestros mayores

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Todo empieza con una llamada. Al otro lado del teléfono, una voz profesional, amable, incluso tranquilizadora. Dice llamar en nombre del 112, el número de emergencias. ¿El motivo? Ofrecer un servicio de teleasistencia a personas mayores. Pero tras ese tono formal se esconde algo mucho más oscuro: una estafa cuidadosamente diseñada para obtener datos bancarios y vaciar cuentas de quienes, muchas veces, viven solos y en situación de vulnerabilidad.

Una estafa que se disfraza de ayuda

El famoso botón rojo se ha convertido, en los últimos años, en una herramienta indispensable para muchos mayores. Con solo pulsarlo, pueden pedir ayuda inmediata en caso de caída, accidente o cualquier emergencia. Es por eso que quienes lo conocen, o lo han visto en familiares o vecinos, sienten una gran tranquilidad. Sin embargo, justo por ese valor emocional, los estafadores han encontrado en él un arma perfecta para engañar.

Según ha alertado la Policía Nacional, están circulando llamadas falsas en las que los delincuentes se hacen pasar por trabajadores del servicio 112. Su objetivo: convencer a los mayores de que necesitan contratar este sistema de asistencia y, para activarlo, deben facilitar sus datos personales y bancarios.

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El método que utilizan los estafadores

Los estafadores llaman a personas mayores, presentándose con un tono convincente. Les explican que, debido a los riesgos habituales como caídas o golpes, es recomendable contratar el botón de emergencia. Alegan que se trata de un servicio urgente, financiado a través de una pequeña suscripción mensual.

Una vez que la víctima muestra interés, aprovechan para pedir número de cuenta, dirección, nombre completo… todo bajo la excusa de completar el contrato del servicio. Lo que muchos no saben es que ese contrato es falso y lo único que buscan es robar información valiosa para cometer fraudes bancarios.

El verdadero servicio de teleasistencia

La Policía ha sido clara: el servicio de teleasistencia verdadero, en la mayoría de los casos, es público, gratuito y subvencionado. Además, nunca se solicita información bancaria por teléfono. Si alguien te llama diciendo lo contrario, desconfía de inmediato.

Este aviso se ha difundido por redes sociales como X y TikTok, dentro de una campaña de prevención para proteger a nuestros mayores. Y es que muchos no tienen acceso a internet o redes, y son más vulnerables a estos engaños.

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Cómo protegerse de este tipo de fraude

Las autoridades han compartido una serie de recomendaciones simples pero esenciales para evitar caer en la trampa. La más importante: nunca dar datos bancarios por teléfono. Si una llamada te pide el número de cuenta, tu DNI, o incluso el PIN de una tarjeta, cuelga sin dudar.

En caso de duda, siempre es mejor contactar directamente con el número oficial del servicio 112 o con el ayuntamiento correspondiente para verificar si existe realmente una oferta en curso.

Otro consejo clave: habla con tus familiares. Si tienes personas mayores a tu cargo, coméntales sobre esta modalidad de estafa. Muchas veces, una simple charla puede prevenir un daño mayor.

Qué hacer si ya diste tus datos

Si crees que has sido víctima de este fraude o que alguien cercano lo ha sido, actúa rápido. Llama de inmediato a tu banco para bloquear posibles movimientos sospechosos. Después, acude a la comisaría más cercana y presenta una denuncia. Cuanto antes se actúe, más posibilidades hay de frenar el robo.

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Una responsabilidad compartida

Este tipo de engaños se nutre de la soledad, del miedo y de la confianza de quienes solo buscan seguridad en su día a día. Por eso es tan importante que los familiares, vecinos y cuidadores estén al tanto de lo que ocurre y presten atención a cualquier detalle extraño.

Una llamada inesperada, una conversación confusa, un comentario sobre un nuevo servicio… Todo puede ser una pista. Y si se detecta a tiempo, se puede evitar un gran daño.

Porque la protección de nuestros mayores no es solo tarea de la policía o de las instituciones. Es una labor colectiva. Entre todos, podemos poner freno a estas prácticas que, aprovechándose de la buena fe, solo buscan enriquecerse a costa del más vulnerable.


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